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Ser propietaria de una bodega de más de dos siglos y mantenerla con pasión es un verdadero privilegio. Para Martine Rougevin-Baville, apasionada de la música y que acoge numerosos conciertos en el Château, el patrimonio es un verdadero violín de Ingres. Elaborados con fervor, los vinos del Château son una verdadera sinfonía aromática.





